Design Thinking: qué es y cómo integrarlo en tus clases

Design Thinking: qué es y cómo integrarlo en tus clases

Te explicamos los 5 pasos que debes seguir para integrarlo en tus clases.

Por Redacción BlinkEdTech

La educación siempre ha sido un espacio por excelencia para la innovación. Maestros en todo el mundo están constantemente trayendo nuevas ideas y metodologías al aula haciendo el mejor uso de las herramientas a su disposición.

Términos como Flipped Classroom, Aprendizaje Colaborativo o Por Proyectos ya entraron en el vocabulario diario de la enseñanza moderna, pero nuevas metodologías no cesan de emerger. El Design Thinking (sencillamente, la generación de ideas con el enfoque en usuarios reales) es una de ellas. Repasamos sus principales características.

El Design Thinking (DT) – también se suele utilizar la expresión “Pensamiento de Diseño” – nace con los diseñadores y su método para resolver problemas y satisfacer así las necesidades de sus clientes. Aplicado a la educación, este modelo permite identificar con mayor exactitud los problemas individuales de cada alumno y generar en su experiencia educativa la creación y la innovación hacia la satisfacción de los demás, que luego se vuelve simbiótica.

Un éxito entre los docentes

En los últimos años, el campo del DT ha conocido un impulso importante por los casos exitosos que, aunque sea una metodología relativamente reciente, se han relatado en las clases. El enfoque en el brainstorming, el trabajo de grupo y el respeto por las ideas de los compañeros ha producido resultados académicos muy positivos que han llevado los profesores a emplearlo de forma progresiva, sobre todo como complemento a otras metodologías modernas y recurriendo a la tecnología en el aula.

El Design Thinking, y la simbiosis que promueve este modelo, permite identificar con mayor exactitud los problemas individuales de cada alumno y generar en su experiencia educativa la creación y la innovación hacia la satisfacción de los demás

A medida que el movimiento por el DT en la educación se amplía y se profundiza, muchos docentes están personalizando de forma flexible el proceso en sus propios contextos. Todavía seguimos hablando de proyectos piloto en no más que unos miles de colegios a nivel mundial, pero todo indica que la metodología pronto que extenderá hasta establecerse de forma definitiva en la caja de herramientas de los maestros.

Un modelo integral en 5 pasos

1. Liderazgo con empatía

La empatía es el primer paso y la raíz del DT. Liderar con empatía se basa en la definición clásica de “caminar en los zapatos de otros” para sacarnos de nuestras propias cabezas y así entender las necesidades implícitas de los demás y las circunstancias en las que trabajamos. Liderazgo empático significa empujarse para acercarse a la gente, y hacerlo de forma consistente, pública y con convicción.

La clave: escuchar más; hablar menos. Entender cómo es la experiencia de los demás en el entorno donde nos encontramos. Adoptar la mente de un principiante y usar todos los sentidos para percibir lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

2. Definir problemáticas y desafiar las suposiciones tradicionales

Al enfrentar un problema se debe aprovechar la oportunidad para hacerlo mejor y de una forma más eficiente del punto de vista analítico de lo que se ha hecho antes.

Frases útiles en esta fase del proceso son “¿Qué pasa si …?”, o “¿Cómo podríamos …?”. El simple acto de introducir el lenguaje de la posibilidad puede iniciar el cambio de cómo contemplamos una problemática.

Este ejercicio de definición es fundamental para impulsar la innovación, pero también es una forma de pasar de un punto de vista de déficit a un enfoque de activos. La clave aquí es desarrollar la capacidad de discernir lo esencial del accesorio; ejecutar políticas y prácticas, individual y colectivamente, más efectivas por el hecho de estar dispuesto a ver las cosas de manera diferente.



3. Idear experimentos con consecuencias reales

En esta fase empiezan los grandes retos. “Just do it” (“simplemente hazlo”) es más que un slogan comercial. Significa intentar algo y aprender de ello. Podemos enredarnos en todo tipo de nudos sobre aceptación de un eventual fracaso, pero lo que realmente importa es intentarlo, hacerlo públicamente y así generar oportunidades de retroalimentación. Un fallo no es necesariamente un fracaso sino una oportunidad de aprendizaje.

4. Prototipo, el concretizar de las ideas planteadas

Definidas las problemáticas e ideadas posibles respuestas para solucionarlas, llega el momento de ponerlas en práctica. La fase de prototipo implica construir, probar e iterar. La expectación es que los alumnos consigan así conjugar ejercicios de explosión y estrechamiento hacia modelos más complejos, basados en el feedback y la retroalimentación de forma a dar respuesta a las necesidades de los usuarios.

5. Sacar conclusiones y comprobar resultados

Esta es la fase iterativa que permite a los alumnos analizar y reflexionar sobre los resultados obtenidos y así evaluar todo el proceso de aprendizaje. El trabajo de grupo es especialmente importante en este paso ya que es la crítica positiva de los compañeros que permite corregir errores y plantear soluciones alternativas. Animar a los estudiantes a que hagan presentaciones visuales de sus conclusiones es útil.

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Detractores

Aunque muchos docentes estén cada día más adoptando el DT en sus aulas, hay también varios expertos y stakeholders de la educación que no comparten esa afición.

Debbie Morrison, conocida pedagoga estadounidense escribía recientemente en Online Learning Insights:

“No estoy convencido de que el pensamiento de diseño sea aplicable a todos los sectores, como se nos lleva a creer, sobre todo en la educación. Pensar diseño requiere una amplia gama de conocimientos y experiencia de diversas disciplinas, que no está presente en la mayoría de los alumnos no universitarios dada la etapa de su desarrollo cognitivo y antecedentes de educación.”

Morrison añade que el DT requiere que uno “piense en un problema desde perspectivas poco convencionales, incluso improbables, que conduzcan a una colección de insights que finalmente producirán una solución única. Sugiero que enseñar este proceso a estudiantes de primaria y secundaria no sólo es inviable, sino innecesario y limitante. En vez de dedicar tiempo a la enseñanza de un proceso estructurado de resolución de problemas, sería mejor enfocarlo en otras disciplinas y metodologías”.

“Históricamente, aprender a pensar críticamente – como plantear imaginativamente preguntas y considerar múltiples perspectivas – se ha asociado con una educación de artes liberales, no con un plan de estudios de negocios. [La metodología] representa un cambio tectónico para los educadores y suele conducir a los alumnos hacía un contexto artístico y liberal.”

Irving Wladawsky-Berger

Sin embargo, el autor reconoce que el DT puede también promover “enfoques multidisciplinarios, una comprensión del contexto global y histórico y generar buenas competencias de liderazgo”.

Un instrumento útil

Independiente de las opiniones individuales de los expertos educativos, la aplicación del DT a la educación es una herramienta más de que disponen los docentes para conducir sus clases.

Al desarrollar una mentalidad hacia la solución de problemas, analizando constantemente las diferentes variables; promover la cooperación y el respeto por las opiniones de los demás; e identificar las características de liderazgo de cada alumno, el Desing Thinking va ganando su espacio entre las nuevas metodologías educativas.


Referencias


Foto: Thomasb – postitartists.com

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